BIOGRAFÍA
Apenas breves introitos de mi trayectoria vital, significada por mis muchas militancias, en lo político, en lo literario, en lo cultural, en lo artístico. Siempre me sentí involucrado con la vida y con el mundo. Todo ello tendrá continuidad; entraré en minucioso detalle y reflexión crítica en un ambicioso proyecto en marcha, que probablemente se publicará en uno o dos años. De ahí la cartela de "Continuará" que con frecuencia aparece.
Manifiesto
Lo que para mí significa
Digamos que escribir, lo que para mí significa, es un ejercicio vital y frecuentemente obsesivo para intentar comprender el sentido de la existencia; llegar —in extremis— a volcar esa pelea en un libro.
En mi caso, una pelea atroz/un juego con el lenguaje, el léxico, la sintaxis... Cada obra es un campo de batalla.
La experimentación es una de las claves de mi escritura. La búsqueda constante, el riesgo; conocer el límite.
Mi herencia ha sido múltiple y compleja. El contexto no sólo marcó mi vida, sino la vida de varias generaciones. Lo digo así, porque nunca viví al margen de lo que sucedía. Mi infancia y adolescencia compartieron con otros muchos esa travesía: una larga dictadura que procuró por todos los medios que no olvidásemos que éramos los perdedores.
Digamos que la calle, de una manera poliédrica, me fue formando. Y que mi vida ha sido una carrera intensa.
El azar me permitió, desde muy joven, conocer músicas vivas. Y, si el flamenco no despertó demasiado interés en mis días infantiles, allí estaba en el ambiente, mostrando su portentosa naturaleza. Igual que la música árabe, que con frecuencia escuchaba en la radio, junto a la música de Brasil, precisamente el año en que surgió la bozzanova. Al mismo tiempo llegó el sonido electrónico, el twist, los nuevos ritmos, la estética pop... El rhythm and blues y el jazz vinieron luego y la música clásica. Con gran intensidad, muchas horas al día.
Qué no ha influido en mí, quién no. Me siento heredero mestizo de este mundo. Sin desdeñar la crítica, para mí, consubstancial a la existencia.
Mi rebeldía me llevó a rechazar la tradición, mas luego aprendí a aceptarla críticamente, nunca de manera sumisa.
Mucho laboratorio. Eterno compromiso.

1949
25 octubre
Las irrefutables catas en el Crowford.
Inicios del Antropoceno
A pesar de la controversia suscitada en la comunidad científica, recientemente el Diccionario de la R.A.E. le ha dado entrada a este término. Juego con la fecha que, aproximadamente, coincide con la de mi nacimiento. También Picasso nació ese día algunos años antes. También mi hermano José Manuel. También mi tío Enrique.

1952
4 octubre
"Hermana Marica, mañana que es fiesta, no irás tú a la Amiga ni yo iré a la Escuela...
Pondráste el corpiño y la saya nueva". Con estos versos gongorinos rememoro mis primeros pasos por los claustros de la enseñanza parvularia. Primero fue la experiencia de la Miga, luego El Pilar y finalmente La Goleta, antes de ingresar en el colegio de san Bartolomé, al que solía ir por el Camino de las Pencas, si no llovía mucho, pues aquello era un auténtico barrizal. Pasaba justo por la puerta del Psiquiátrico de Mujeres, popularmente conocido entonces como El Convento de las Locas.

1956
primavera
Tres en raya. Patio de Los Salesianos
Un patio con plátanos de Indias, alcorques para hacer gol con tacos de madera y tizas de colores para jugar al tres en raya durante los Ejercicios Espirituales. Estuve tres años en el colegio de San Bartolomé. Aquellos curas tenían buena fama como enseñantes, sobre todo en el campo de la Formación Profesional. Había una imprenta en la que trabajaban alumnos internos, que siempre los veía con sus monos azules. Viví en aquellos años dos tragedias que cambiaron mi vida. Nunca las superé; ni lo pretendo. El secuestro de un compañero del Colegio, con fatal desenlace. Apareció su cadáver en uno de los colectores del río Guadalmedina. Yo conocía el lugar, porque existía allí un trozo de vía y una vagoneta abandonada en aquel túnel tenebroso. Hubo una tremenda conmoción social. El día que la policía apareció con el autor en la escena del crimen, una masa ingente parecía dispuesta a lincharlo. Un muchacho con un problema mental, aparentemente inofensivo, que trabajaba repartiendo tortas Ramos con un triciclo con cajón. Al parecer, él mismo se delató. "¡Yo no he sido!", repetía sin que nadie le preguntara.
La otra tragedia fue la muerte de mi hermano, una de tantas víctimas que se llevó aquella pandemia que se cebaba en los niños: la poliomielitis. No. Claro que no quiero olvidarlo.

1959
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Colegio san Pedro y san Rafael
Estaba en la plaza de san Francisco. Un colegio distinguido por su rango de severidad. Fue escenario de una película mexicana por las características del edificio, un tanto laberíntico. Había una fuente en la plaza, cuajada de sanguijuelas. Y era habitual ver allí vendedores de chucherías, armensinas, canutos de bambú, cañadú, palodú... Y algún mulo bebiendo bebiendo en aquella insana fuente. Aquel edificio es ahora sede de una Hermandad.

1956/1960
verano
Puente Mayorga
Los veranos los pasaba en Puente Mayorga, una pequeña pedanía de san Roque sobre cuya playa caía la obstrusa sombra del Peñón de Gibraltar. Aldea de pescadores, labradores y duro estraperlo. Cuando leí a García Márquez, pensé: "Yo también tengo mi Macondo".
A final de curso, me subían al autobús de Portillo que iba a La Línea y me dejaban al cuidado del conductor. Iba en pie, junto a él. Era una aventura maravillosa cruzando todos aquellos pueblos blancos, aunque algo pesado por tantas paradas, hasta llegar al cruce con San Roque, donde me esperaba una chica amiga de la familia y me llevaba a casa de mi tía. Al día siguiente, íbamos a la Línea y me compraban un bañador (Meyba), azul con banda blanca o rojo con banda blanca, no había mucho donde elegir. Me pasaba el verano entero en bañador.

1960
otoño
Instituto de Martiricos
Formé parte de la primera promoción. Recuerdo una placa falsa donde se decía que había sido inaugurado por Franco, Caudillo de España, o algo así. Allí conocí un mundo nuevo; el mismo edificio ambicionaba cierta modernidad. El profesor de Formación del Espíritu Nacional iba vestido de falangista. Se cantaba el cara al sol por las mañanas. El cura (el "padre Potaje") daba hostias de verdad. Con una peluca que parecía un estropajo deshecho y con los típicos mofletes acalorados de alguien que siempre iba ebrio. Por supuesto, todos los profesores tenían mote. Había buenos profesores; el más serio y distinguido por su sapiencia era Báguena, a su vez, Director de la Casa de la Cultura, aquella que mandó echar abajo Pedro Aparicio, por estar construida justamente sobre el Teatro Romano. ¡Menuda ocurrencia!

1966
otoño
Maquinaciones
Tomé contacto con las máquinas en la Central de Descuento de una Empresa del Sector Financiero. El nombre de la primera ya se apreciaba vigoroso: Burrougs. Era muy parecida a una linotipia, por su dimensión y por su sonido al teclear. Nada menos que diseñada por el abuelo de William S Burroughs quien, por cierto, escribió un ensayo, no sé si inspirado por los ingenios de su abuelo: La Máquina Sumatoria. Tras esta experiencia, me trasladé a Córdoba; allí sí había ordenadores de verdad, recién llegados de los EEUU; me pusieron una bata blanca y me metieron en un curso sobre sistema binario. En esos tiempos aún no había programadores. El siguiente salto en esa senda fue a Madrid, donde me integré en un Equipo de Teleproceso en tiempo real, la primera experiencia en España de transmisión de datos por cable telefónico.
