Spanish Fly
Vibráfono
El zumbido vibrante de una abeja, una danza dorada a mil kilómetros de distancia, pero aquí dentro (me señalo el corazón).
Spanish Fly, de Milt Jackson (con Jimmy Heath, McCoy Tyner, Bob Cransaw y Connie Kay) fue uno de mis primeras adquisiciones. Vivía en Madrid (1972), sin tocadiscos, y a menudo me ocultaba bajo una chilaba (ya fuera verano o invierno) de listas marrones y botos camperos de Valverde. Por las noches visitaba un pub, bajando hacia el Manzanares, por la cuesta de La Vega, bajo el viaducto.

¿Spanish Fly será considerada como una insurrección?
De algún modo sí.
El presente compendio pretende ser a la vez un declarado homenaje a todos aquellos que de una u otra forma me han enseñado, bien directamente con sus obras o a través de creaciones ajenas, a sentirme libre disfrutando con rigor de la literatura. Supongo que el lector identificará sin dificultad dichas fuentes.
Formalmente, mi trabajo escapa a definiciones estrechas; piezas breves, muy breves y brevísimas. ‘Microrrelatos’ me parece un término tan actual como funcional. Si me resisto a utilizarlo aquí es por el carácter de algunos de mis textos, en cuanto a la dificultad, a veces, para identificarlos o encajarlos como relatos, pues quedan en puras elucubraciones lingüísticas.
Al mismo tiempo se trata de un compendio ideológicamente omnicompresivo, incluidas la religión y las matemáticas.
En una tasca de mi sueño
En una tasca de mi sueño, escuché a un desconocido que cantaba en el rincón:
Ola con ola caracola / Tiraenvés la farola / Sobre tu comba de luz / Remando / Volando quisiera ir / Qué penita, la mar sola...
Y así, infatigable, obsesivo... ¿Ir? ¡Ir! Se encajaba en el soniquete y no me dejaba dormir, ni sosegar siquiera mi desvelo. Y le supliqué que se callara, mas resultó ser un pinchadiscos atascado. Y con soberbia diamantina me rayó la sien del sueño.
Ahora, ya despierto (eso creo), llevo toda la mañana y la semana (septimana cada día) con ese run-run metido en la cabeza. ¡Con intensísima resaca!
Solicito cambiar de sueño. ¡Ha de ser por triplicado! (me contesta el Ministerio). ¿Cuál de ellos? (respondo consternado).
Con las mismas palabras dicen esto y lo contrario. Idem et oppositum
Confundí al pájaro que escapó del Museo. ¿Escapó? O él se confundió conmigo. ¡Escapamos!
¿Quién era quién?
En ese aire, atolondrado cayó en mi pensamiento; y acabó desplumado por mi torpeza (la mano del dibujante —quiero decir— de palabras). ¡Qué sabe nadie!
¿Cuántas veces se puede morir en un río seco? Busqué el Diagrama correspondiente. “¡Una sola vez!” Esa fue la taxativa respuesta del Oráculo.
Todos dicen lo mismo (que es la cosa contraria), en este ‘pospostumo’ y nadie sabe quién es el enemigo o quizá sí, pero no quién es el amigo. Así que...